Skip to main content
search

El trabajo que desarrollan los integrantes del Sector Salud en todo el mundo necesita estar sustentado en el conocimiento empírico del mundo en el que vivimos. Pero no podemos restringir ese conocimiento a nuestras experiencias personales, la ciencia no se basa en datos anecdóticos sino en evidencias comprobables y repetibles.

La medicina es uno de los campos del conocimiento humano que más ha tardado en alcanzar el avance requerido debido en gran parte a la complejidad del tema y también a la falta de recursos tecnológicos que nos permitieran profundizar en el intrincado mundo del funcionamiento de nuestros organismos. Wayne Biddle menciona en su libro Una Guía de Campo de los Gérmenes (Biddle, 1995) que hace apenas poco más de 100 años que la medicina estaba “… basada casi enteramente en reglas prácticas”. No tenía un verdadero sustento científico.

Los fundamentos científicos y los avances tecnológicos que nos han permitido llegar al nivel de conocimiento que actualmente tenemos no empezaron a integrarse sino hasta el siglo XIX, cuando inventos y descubrimientos como el microscopio compuesto de Leeuwenhoek, la metodología de los ensayos clínicos, la teoría de los gérmenes y otros más fueron siendo utilizados para explicar los fenómenos asociados a nuestra fisiología y así poder realizar acciones para promover la salud más eficaces. Poco a poco hemos ido poniendo en su lugar las piezas de este rompecabezas, pero hemos de entender que el progreso de la ciencia no es estrictamente lineal, depende de muchos factores y variables que no siempre están bajo nuestro control y el camino presenta muchos obstáculos.

Paradójicamente, nosotros mismos como sociedad ponemos algunos de esos obstáculos al desarrollo científico al no contar con la preparación adecuada para tomar decisiones apropiadas y ser víctimas fáciles de la charlatanería. Uno de los mejores ejemplos de esta lamentable situación es el actual rechazo a las vacunas por un amplio sector de la población y la errónea idea de que estas causan autismo en los niños, la cual nace de un falso estudio publicado en 1998. Poco tiempo después de esa publicación, expertos en farmacología clínica, investigadores y estudiosos demostraron que el estudio había sido fabricado por su autor y la misma revista médica donde se había publicado el supuesto estudio se retractó y en el 2010 retiró el artículo de su portal, pero el daño ya estaba hecho. La credulidad del público en general y su falta de preparación en temas de ciencia, junto con la promoción y el apoyo que algunos personajes públicos le han dado a este tema, han provocado que miles de padres se nieguen a vacunar a sus niños, trayendo con esto consecuencias que eran de esperarse: brotes de enfermedades contagiosas en lugares donde ya estaban controladas y fallecimientos innecesarios.

Ahora vemos cómo la promoción de terapias complementarias y alternativas está cobrando nueva fuerza en muchas partes del mundo, impulsada por esa misma falta de preparación, a la vez que por el genuino deseo de cuidar y mejorar la salud de la población. Existen propuestas por parte de algunos grupos para integrar ese tipo de terapias al Sistema de Salud en México sin que estas se vean sujetas a la misma normatividad que la medicina basada en ciencia, justificando su inclusión al sistema como una manera de mostrar respeto por las terapias tradicionales de las distintas culturas de nuestro país pero sin cuestionar su verdadera eficacia ni pasarlas por el tamiz del método científico. Esto representa un riesgo inmediato y un alto costo que afectará de manera drástica a la carga de la enfermedad en México, lo que a su vez tendrá un impacto directo en la atención que ofrezcan los servicios de salud en México, desviando recursos que de otra manera podrían ser destinados al bienestar de la sociedad.

Así como en el siglo diecinueve dejamos atrás la Teoría del Miasma de Galeno y la reemplazamos por la Teoría de los Gérmenes, de la misma manera que se abandonaron las insalubres prácticas quirúrgicas y la medicina heroica de siglos pasados y se sustituyeron por la asepsia impulsada por el doctor Ignaz Semmelweis y la actual medicina basada en evidencia, de igual forma debemos considerar cuáles son las terapias alternativas que presentan un posible beneficio y cuáles no, a través del estudio y análisis científico y desechar las que no pasen la prueba.

Ahora ya sabemos que la Tierra gira alrededor del sol, que el sarampión es causado por un virus y que los terremotos no son provocados por la ira de los dioses sino por el movimiento de las placas tectónicas, todo gracias al desarrollo de la ciencia. No podemos dar marcha atrás y correr el riesgo de perder lo mucho que hemos ganado.

Fuentes:

http://www.history-of-the-microscope.org/history-of-the-microscope-who-invented-the-microscope.php

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK24649/

http://www.utoledo.edu/library/canaday/exhibits/quackery/quack2.html

http://www.upworthy.com/16-years-ago-a-doctor-published-a-study-it-was-completely-made-up-and-it-made-us-all-sicker?g=3

Close Menu